domingo, 21 de octubre de 2007

La gente que me gusta


«Primero que todo me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas (...). Me gusta la gente estricta con su gente y consigo mismo, pero que no pierda de vista que somos humanos... Me gusta la gente que piensa que el trabajo de equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonados a las decisiones de su jefe. Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó y la que al aceptar sus errores se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente: a estos los llamo mis amigos (...). Me gusta la gente de garra, que entiende los obstáculos como un reto (...). Con gente como esta me comprometo a lo que sea, así no reciba ninguna retribución económica, ya con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido».


( Mario Benedetti)

viernes, 14 de septiembre de 2007

AQUÍ SU SOBREDOSIS DE FÉ. PARA MI TIA PULY.


Ok este texto se lo dedico a mi tía que desde hace tiempo vive en la otra orilla y de ella solo oigo hablar de trabajos, luchas y viejos. Aun así todos los mese amigos, llegan a mis manos 10 cuc que con su esfuerzos ella me hace llegar. A los mal pensados no lo hago por su ayuda porque soy sobrino también de una tía que vive en cuba y estoy seguro que es una de las primeras cuenta prosistas de ciudad de la haban y me atiende igual. Lo hago por el afán de trabaja,de como logro aunar a su hija (YVE) entre otras cosas, mantener a los suyos acá en la isla sin que nada les falte y apartar a un lado las mieles del exilio.


Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas. Confieso que quedé asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño. Una de ellas atrajo mi atención. Negra, de tamaño mediano, llevaba como carga una paja seis veces más larga que ella misma.
Después de avanzar casi un metro, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras.
Probó cruzar de una u otra manera; vano esfuerzo. La hormiga hizo lo insólito. Apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así construyó su propio puente, sobre el cual cruzó el abismo.
Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes. Supo convertir su carga en puente. De no haber tenido esa carga, no habría podido avanzar en su camino. ¿Qué nos enseña?
¡Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos afrontar! Esas mismas —bien tomadas—, pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a triunfar.
Una deficiencia cardiaca hizo de un médico un famoso cardiólogo; una limitación física convirtió al joven en un gran escritor; la timidez del estudiante lo llevó a ser un destacado investigador.
¡Cuántos otros ejemplos podríamos mencionar! Convirtamos nuestras cargas en puentes de éxito.
Ni la queja ni la angustia resuelven los problemas. Transfórmalos en fuerzas para alcanzar mayores alturas.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Para Yve.El amor vive de amables pequeñeces.


Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas, porque ellas son el resultado de la entrada de un cuerpo extraño en su interior. Las perlas son heridas curadas. Dentro de las ostras se encuentra una sustancia llamada nácar. Cuando penetra un grano de arena, las células comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso. Como resultado, se forma una hermosa perla.
¿Te han lastimado las palabras hirientes de alguien? ¿Tus ideas han sido rechazadas o mal interpretadas? ¿Has sufrido los duros golpes de los preconceptos? ¿Has pasado por una grave enfermedad ò un indeseado resfriado?
Cubre tu cuerpo con varias capas de amor, desarrolla tu propio nácar. La mayoría solo cultiva resentimientos inlfelices dejando sus heridas abiertas, alimentando sentimientos pobres e impidiendo que cicatricen las heridas.

martes, 11 de septiembre de 2007

Soy yo Blog.


Si el hombre pudiera decir lo que ama, / si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo / como una nube en la luz; /si como muros que se derrumban, / para saludar la verdad erguida en medio, / pudiera derrumbar su cuerpo, / dejando solo la verdad de su amor, / la verdad de sí mismo, /que no se llama gloria, fortuna o ambición, / sino amor o deseo, / yo sería aquel que imaginaba; / aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos / proclama ante los hombres la verdad ignorada, / la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; / alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina / por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, /y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu / como leños perdidos que el mar anega o levanta / libremente, con la libertad del amor, / la única libertad que me exalta, / la única libertad por que muero. /
Tú justificas mi existencia: /si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda

Qué terriblemente absurdo es estar vivo en alma cerca de ti.


Él había fallecido y se acercaba el día de San Valentín. Cada año ella recibía un ramo de rosas con una tarjeta: «Te amo más que el año pasado, mi amor crecerá cada año». Este sería el primer año en que no las recibiría. Llamaron a la puerta y al abrirla le dieron un ramo de rosas.


Molesta por lo que creyó una broma de mal gusto llamó a la florería y amablemente le dijeron que su esposo las había pagado por adelantado.


La señora abrió la tarjeta y leyó: «Amor, sé que ha sido un año difícil, espero que puedas reponerte pronto. Quería decirte que te amaré siempre, porque todo es posible con amor». Así como todas las demás que siguieron llegando cada año.

domingo, 9 de septiembre de 2007



On train.

La vida es comparable con un viaje en tren, comparación interesante porque nuestra vida está llena de embarques y desembarques, de accidentes, de sorpresas agradables, con subidas y bajadas tristes.
Cuando nacemos, subimos y encontramos seres queridos: nuestros padres. Lamentablemente, ellos, en alguna estación, bajarán definitivamente.
Pese a esto debemos continuar; conoceremos a otras personas. Durante la travesía, subirán hermanos, amigos y amores. Muchos solo realizarán un corto paseo, otros estarán siempre a nuestro lado compartiendo alegrías y tristezas. En el tren también viajarán personas que andarán de vagón en vagón para ayudar a quien lo necesite.
Muchos se bajarán y dejarán recuerdos imborrables. Otros viajarán sin que nadie perciba que están allí sentados.
Algunos pasajeros queridos, prefieren sentarse lejos, en otros vagones. Eso nos obliga a viajar separados, aunque no impedirá que, con alguna dificultad, nos acerquemos. Lo difícil es aceptar que a pesar de estar cerca no podremos sentarnos juntos, pues otras personas los acompañan.
Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas y partidas. Este tren solo realiza un viaje: el de ida. Viajemos lo mejor posible, intentando una buena relación con sus pasajeros, pues en algún momento del viaje, alguien puede perder sus fuerzas y deberemos entenderlo, como alguien nos entenderá y ayudará cuando nos ocurra lo mismo.
El gran misterio es no saber en cuál estación nos toca descender. Cuando tenga que bajarme del tren, ¿sentiré añoranzas? La respuesta es sí; dejar a mis hijos viajando solos será muy triste. Separarme de los amores de mi vida, será doloroso. Tengo la esperanza de que en algún momento nos encontraremos en la estación principal, y tendré la emoción de verlos llegar con mucha más experiencia de la que tenían al iniciar el viaje.
Ahora, el tren disminuye la velocidad para que suban y bajen personas. Mi emoción aumenta a medida que el tren va parando. ¿Quién subirá? ¿quién será? Me gustaría que usted pensase que desembarcar del tren no es solo una representación de la muerte o el término de una historia que dos personas construyeron y que, por motivos íntimos, dejaron desmoronar.
Estoy feliz de ver cómo ciertas personas tienen la capacidad de reconstruir para volver a empezar, eso es señal de lucha, y saber vivir es poder obtener lo mejor de todos los pasajeros. A pesar de que nuestros asientos no están juntos, con seguridad viajo en el vagón de ustedes.

Facundo Cabral